Color de locura

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Caminaba tranquila por la calle cuando llegó a  su mente otra idea. “¿Tendrá relación el color de los ojos con nuestros pensamientos?”

La respuesta lógica, sana y esperada por ella era un no rotundo. Pero… “¿qué tal que sí?, ¿No será que hemos vivido equivocados?” se decía, alentándose a jugar divertida con el pensamiento.

Al pasar por un parque se entregó de lleno a sus ideas:

“Quizá si reunimos mil personas con cada color posible para el iris de los ojos; negros, marrones, azules, verdes o ámbar, y después les mostramos imágenes o les sugerimos palabras para registrar qué mensajes, momentos, citas, o ideas vienen a su mente, encontremos una similitud. Tal vez en torno a ello pudieran hacerse agrupaciones; clubes, partidos políticos, tertulias, equipos deportivos… amigos. Aunque los ojos azules sean siempre minoría”.

—Buenos días— saludó a una joven pareja, más por el deseo de mirar sus ojos que por cortesía. “Que divertido encontrar compatibilidades así… ¿o aburrido?”.

”Quizá los de ojos verdes sean buenos doctores, arquitectos u obreros. Puede que los de color negro tiendan a la política. Tal vez los ojos azules sean los de la cordura. A lo mejor las mujeres de ojos de miel seamos buenas cocineras…los astrólogos harían sus predicciones basándose ya no en el día de nacimiento sino en el tono de los ojos”. Sonrió abiertamente.

Al atravesar el parque y llegar al semáforo de una avenida notó que la luz amarilla encendía. Se desilusionó. Mientras miraba la luz roja se talló la nuca con una de sus manos, como borrando las ideas. Se sintió aliviada de terminar con eso y volver a cavilaciones ordinarias:

“Hay quienes por nacimiento o azares del destino tienen ojos blancos, rojos, con glaucoma y los hay también con uno solo…y sin ojos. ¿Dónde los ponemos a ellos?”.

Recordando al abuelo que en sus últimos años vivió en el manicomio, sintió como su corazón se aceleraba.  “¿Será que mis ojos café claro tienden a la locura?”

Al volver la luz verde del poste cruzó de prisa. Caminó unos pasos hacia su destino. Se detuvo. Abrió su bolso y contó el efectivo. Suspiró. Se desvió algunas cuadras y entró en una tienda cuyo cristal mostraba la imagen de una modelo con lentes negros.

Después de una hora salió sonriente con sus ojos azules.

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