Lo que hace y piensa un docente. Semana 1.

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Primera semana del ciclo escolar 2019-2020.

Después de algún tiempo de no escribir hoy tengo ganas de hacerlo. La razón es que este viernes 30 de agosto termina la primera semana del ciclo escolar y por más absurdo, o tal vez bizarro, que resulte para algunos me siento motivado por ello.

Lo primero que hago es recordar lo que hice en estos cinco días, que van desde acudir a un plantel de la zona escolar para acompañar al personal en la inauguración del ciclo, hasta la realización de una plenaria de análisis de la práctica docente, pasando por las sesiones de un nuevo curso, la asistencia a una conferencia sobre liderazgo educativo, coordinar una reunión de academia para elegir los temas de un semestre, charlas informales con maestros de aulas multigrado y la visita a otra escuela primaria para conversar con el director sobre diferentes temas.

Me siento contento con mi desempeño, pero solo en parte. El motivo es que con la experiencia acumulada en estos años de servicio, me doy cuenta que suelo iniciar de esta manera cada año lectivo, pero según avanza el mismo y con la cantidad de “situaciones” que suelen presentarse, tiendo a lograr menos de lo que mis expectativas iniciales indicaban. Hoy por ejemplo, después de conversar con una docente de primer grado la escuché decir que no aplicó su evaluación diagnóstica porque su impresora se quedó sin tinta…y como hace apenas una semana (viernes 23) ella había estado presente en un encuentro entre docentes de primer grado que me tocó dirigir, donde hablamos de la importancia de aplicar dicha evaluación diagnóstica para definir el punto de partida con cada alumno e incluso se vio un ejemplo sustentado en el enfoque vigente para la asignatura de español, con todo y el detalle de la experiencia de dos maestras que lo han aplicado…me sentí un poquito desencantado, no con ella, sino conmigo porque había calificado como exitoso dicho encuentro.

¿Será que no quedó claro?, ¿no la convenció el planteamiento?, ¿habrá pasado lo mismo con otros docentes?, ¿faltó hacer un ejercicio práctico en aquella sesión?, incluso me pongo a pensar si ella tendrá preparado algo mejor y aún no lo conozco, ¿será que debí preguntarle eso?…¿o qué fue lo que pasó?

Pero no me malentiendan, como dije, me siento motivado para hacer bien mis funciones, pero estoy consciente que debo atender a los detalles para que situaciones como la que relato no se multipliquen y entonces ocurra lo mismo de otros ciclos. De este caso en específico rescato por ejemplo que es una maestra inteligente, con buena actitud y disposición, y entonces elijo pensar que para ser su primera experiencia como maestra titular lo hará bien pues, pese a todo, le sugerí que no dejara pasar un día más y que el próximo lunes lleve a cabo su evaluación diagnóstica. Mi reflexión más importante es que quizá debo trabajar más en el «cómo» y no solo en el «qué» con los docentes, tanto en formación como en servicio.

Pues bien, hasta aquí dejo este posteo por dos razones: la primera es que me falta retomar de a poco el ritmo de la escritura y la segunda es que al salir del instituto me vine a esta plaza donde se ubica una cafetería, pero al encontrarla cerrada y ya sin ganas de irme a otro lugar tuve que buscar otro local en la misma plaza, pero a esta hora solo encontré abierto un restaurante donde he tenido que escribir entre las miradas asombradas de los demás por ver a un loco que eligió una mesa, sacó su laptop y se puso a teclear concentrado, ignorando las canciones de Chalino Sánchez que resuenan en las bocinas del local, (¡esto sí que fue bizarro!)

Pd. El servicio, la comida y bebida que ordené se llevan cinco estrellas, excelente servicio.

¿Qué dicen ustedes, les pasa algo igual?

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