Siete formas de motivación

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Con frecuencia me encuentro con personas desmotivadas y me preocupa. Entiendo que es normal que de vez en cuando tengamos el ánimo bajo, a todos nos pasa. Lo malo es que en esta vida moderna, donde tenemos tantos avances en  medicina, ciencia, tecnología y muchas otras áreas, no solo no los haya en el estudio y difusión de las emociones humanas, sino que más bien parece que retrocedemos…sin embargo, no todo está perdido, creo firmemente que si nos detenemos un instante a pensar en nuestros recursos internos, posibilidades y todo aquello que nos sea útil para motivarnos, podemos encontrar una forma que nos lleve si no a la felicidad, al menos sí a un estado de tranquilidad.

Aclarando que no soy un especialista sobre el origen o causas de esas emociones, sus manifestaciones, efectos y mucho menos tratamientos, sí soy alguien que en un momento específico encontró una forma diferente de ver la vida y desde entonces agradezco a Dios profundamente ese impulso, por lo tanto quiero escribir –como siempre, primero para mí y después para quien guste leer– algunas de las cosas que con frecuencia hago para sentir esa chispa interna que al igual que al motor de un auto pone en movimiento todo lo demás:

Motivación.

1.- Cuando de motivarme se trata lo primero que hago es valorar y agradecer lo que ya tengo: salud, familia, amigos, profesión, conocimientos, trabajo, techo…no escatimo en detalles. Recuerdo una ocasión que atravesé por una situación difícil hace años que me llevó a estar solo con mis pensamientos durante dos semanas…entonces entendí el verdadero efecto del agradecimiento, pues comprendí que al reconocer lo que poseemos nos llenamos de valor interno para afrontar la vida pues nos reconocemos como seres capaces, fuertes…como dijo un escritor francés: Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas serían menores.

2.- En segundo lugar, lo que hago para recordar lo afortunado que soy, irónicamente, es pensar en los demás. Saber que mientras yo me quejo por nimiedades, como que me falta un bien material, que tengo gripe, que hay mucho tráfico, que quiero algo que no está en mis manos lograr…entonces recuerdo, recapacito y pienso que mientras yo me quejo tristemente, hay millones de personas en el mundo que sin pensarlo un segundo cambiarían su vida por la mía. Y claro que lo bueno no es solo ser consciente de ello sino ver la manera de hacer algo por quien necesita de mí; no me refiero a salvar al mundo, sino a realizar pequeñas acciones que van desde escuchar o dar tiempo de calidad al familiar, amigo, alumno, hasta hacer mi trabajo con el mejor ánimo sabiendo que de manera directa, o indirecta, aporto un poco al bienestar colectivo.

3.- Otro aspecto que me ayuda a motivarme es saber que todo es posible. La historia está llena de ejemplos que te impulsan a creer que pese a las adversidades, problemas y todo aquello que creemos que nos impide avanzar, la verdadera limitación está en nosotros. Basta con leer la vida de hombres y mujeres ejemplares para darnos cuenta que su vida no fue sencilla, solo que lograron avanzar gracias a su tenacidad, esa que tanta falta hace en los momentos que estamos a punto de desistir, pero que en realidad forma parte de  naturaleza humana. Nada más sano que tener fe y confianza en que podemos salir bien librados de ese estado, situación o reto que enfrentamos.

4.- El cuarto es quizá el más fuerte: encontrar un motivo. Si buscamos en el diccionario hallaremos que algunas de las definiciones de la palabra “motivo” son: que mueve o es capaz de mover y causa que determina la existencia de una cosa o la manera de actuar de una persona. Es decir, ya que estamos en este mundo, en este lugar y en este tiempo, démonos a la tarea de encontrar esa razón. ¿Qué es?…¿un estado interno, una profesión de vida, una pasión?…¡Y si no lo encuentras pues mejor!, significa que tenemos la posibilidad de crearlo, no importa si te lleva un año, cinco, veinte o más porque entonces descubriremos que no hay nada mejor que trabajar por algo a largo plazo porque así eliminamos la exigencia de obtener resultados inmediatos.

5.- Ligado al cuarto punto, respeto las creencias de cada persona, pero en mi caso estoy convencido de la importancia de reconocer la existencia de Dios y eso, creánmelo, es una gran motivación. Esto me lleva a cubrir una de las necesidades más sentidas de un ser humano que es la búsqueda de respuestas a lo que desconocemos…como un hombre de ciencia, Paul Davies, dijo una vez “No puedo creer que nuestra existencia en el universo sea un mero capricho del destino, […] un destello fortuito en el gran drama cósmico”. Y no me refiero a pensar que alguien resolverá todos mis problemas –aunque en ocasiones ocurre– sino a saber que hay ALGUIEN que nos apoya, que nos guía. Si hay en el mundo millones de personas que son felices por esta “simple” creencia no veo razón para evitar sumarme a esa posibilidad. Por cierto, entiendo que sí hay comunicación con Él y que se logra a través de la oración.

6.- En sexto lugar, una buena forma de motivarme es cuidar mis pensamientos. Cuando encuentro que vienen a mi mente ideas negativas las sustituyo con rapidez, pienso en lo que me gusta, recuerdo un momento alegre, planeo a futuro, hago un poco de ejercicio o simplemente empiezo a cantar. He comprendido que si permito que un pensamiento positivo o negativo llegue y crezca en mi interior muy pronto tendré un estado de ánimo acorde a él. Obviamente que esto se transfiere a la selección de situaciones, lugares e incluso personas, es decir, debemos preferir aquello que nos ayudará en la gestación de pensamientos positivos…como sé que las historias ayudan,  esta idea me llevo a escribir un relato breve que ejemplifica los efectos que pudiera tener un día que inicia con un pensamiento positivo llamado Cuento de un pensamiento Azul.

7.- Finalmente, una idea que motiva sin igual es saber qué a pesar de que Dios me permita vivir cien años sería poco tiempo. Un día un amigo me dijo que pusiera el dedo índice de mi mano derecha en posición horizontal frente a mí, luego me dijo que viera el espacio que había de donde iniciaba mi dedo (del nudillo) hasta donde se perdiera la vista a mi lado derecho y dijo “ese es el tiempo que ha pasado hasta antes de tu nacimiento y el espacio que hay de la punta de tu dedo hasta donde llega tu vista a lado izquierdo será el que existirá el mundo después de tu muerte”. Entonces comprendí que ya que estaremos tan poco tiempo en este mundo debemos vivirlo de la mejor manera.

Me despido confesando mi duda en publicar estas ideas, solo me atreví a hacerlo porque de vez en cuando cruzan por mi vida personas –que amo o estimo demasiado– con un poco de desánimo y, aunque algunas me lo pidan y otras no, siento la necesidad de apoyarlas. Si logro que una sola de mis ideas les sea de utilidad me daré por bien servido, solo eso importa.

 

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